Can(n)es 2014: Selección Natural 2. Resentidos o educados

"El río y la muerte" - Luis Buñuel, 1955.

“El río y la muerte” – Luis Buñuel, 1955

 

A comienzos de 2014 la Argentina vivió un breve pero intenso auge de linchamientos: los casos o, al menos, la publicación de los casos de delincuentes o presuntos delincuentes ajusticiados por “vecinos” indignados se multiplicó para algarabía de un sector relevante de la sociedad que no guardó insulto posible para los linchados —tildados las más de las veces de “choros”, señal del apocalipsis lingüístico y educacional— ni para aquellos que se atrevieran a condenar públicamente esa forma de ‘justicia popular’: “A vos porque nunca te pasó” o “Ya vas a ver cuando te maten a un familiar si decís lo mismo” aparecieron como salidas típicas. Si a alguien se le ocurre robar o agredir de otro modo a una persona inocente, merece lo peor; o, aún más grave, cualquier persona linchada pasa a ser de forma automática culpable de aquello de que se le acusa. En la ciudad de La Plata, una señora fue linchada por una turba iracunda. Su único pecado fue caminar por la vereda justo en el momento en que un (supuesto) ladrón huía en carrera. El ladrón la rozó y la turba infirió que ella debía de ser cómplice y que el muchacho le había pasado el botín en el roce.

Así, en nombre de la violencia del otro justificamos la propia: no se trataría de una agresión gratuita, como la del delincuente auténtico, sino de un acto de legítima defensa. No decimos que el sistema judicial y de seguridad del Estado funcione a la perfección precisamente, pero consiste de una serie de procedimientos y requerimientos que intentan garantizar la aplicación de la justicia de acuerdo a ciertas leyes, lo que implica no sólo la condena al culpable sino también que se evite condenar por error al inocente; mientras que la justicia de la turba iracunda carece de esos procedimientos y requerimientos, por lo que es mucho más fácil que, como en el caso de la señora platense o de un par de albañiles rosarinos cuyo pecado fue viajar en una moto quizás similar a la de dos motochorros que acababan de asaltar una remisería, termine con el ajusticiamiento de personas inocentes. Por supuesto, esto no significa que el linchamiento sí esté justificado cuando el agredido realmente ha cometido un crimen, simplemente se intenta señalar la ‘poca calidad’ de una justicia aplicada de este modo. Más que de una forma de hacer justicia, entonces, se trata de una forma de hacer catarsis pública y, para ello, cualquier chivo expiatorio viene bien. Continuar leyendo

Anuncios

La ficción en la realidad, la realidad como ficción

En la casa [Dans la maison] – François Ozon, 2012

1.

Los defensores de la pureza cinematográfica podrían argumentar que en el cine de François Ozon el guión se erige como el factor predominante y que, por lo tanto, sus películas estarían más cerca de la literatura que del más poderoso vuelo cinematográfico, al que sólo se accede cuando “se piensa (exclusivamente) en imágenes”, cuando se consigue depurar al film de los detritos pertenecientes a otras artes; argumento también usado para sospechar de las series de televisión que, de esta forma, tendrían más que ver con el guión (con la literatura) que con un cine auténtico.

Pero también es cierto que las narraciones de Ozon son lo suficientemente modernistas en su empleo de la fragmentación temporal, de la ambigüedad del punto de vista, de la puesta en abismo, del cuestionamiento reflexivo a las convenciones del realismo, como para merecer algún crédito aún para aquellos que, a más de un siglo de la invención del arte cinematográfico —o, más específicamente, de su concreción tecnológica, de la materialización técnica de un principio ontológicamente inherente al ser humano—, todavía pretenden separarlo, desengrasarlo de las influencias e intromisiones de otras artes, sobre todo de la literatura, pero también de la pintura (el cine terminó por ser esto, pero podría haber sido algo muy distinto; y, aclaramos, por si hiciera falta, esta búsqueda de pureza era más comprensible cincuenta años atrás, con un cine mucho más joven, cuando Bresson escribió sus Notas sobre el cinematógrafo y Tarkovski Esculpir en el tiempo y, sin dudas, sirvió, teniendo en cuenta las transgresiones aquí y allá a esta concepción, para filmar una buena cantidad de obras maestras —interjección—, lo que, por supuesto, no significa que deba erigirse como verdad insoslayable). Continuar leyendo