Imágenes: política y experiencia

Realidad y Percepción I

John Dewey proponía una concepción donde actividad intelectual, arte, ciencia, naturaleza y experiencia se interrelacionan. El pensamiento, ‘la lengua’ y, en ellos, la ciencia, constituyen “la dirección intencional de los acontecimientos naturales hacia significados pasibles de ser poseídos y disfrutados de manera inmediata; esta dirección —que es arte operativo— es en sí misma un acontecimiento natural en el que la naturaleza, de otro modo parcial e incompleta, viene a sí misma” (1929: 358).

John Dewey

John Dewey

Se trata de aprehender la lección darwiniana con un matiz: el ser humano es una especie más, desagregada entre otras especies; parte de la naturaleza, no exterior y superior a ella. Sin embargo, a su vez, como decía Wittgenstein en una frase que retorna, “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” (2014: pos. 155,2). Nuestra experiencia como especie es pura y exclusivamente nuestra, no constituye la experiencia.

En Adiós al lenguaje, Jean-Luc Godard juega con el 3D alterando la percepción del espectador. Vemos al mundo de una forma pero podríamos verlo, podríamos significarlo de otras. El límite está en lo propiamente humano. Por eso Godard se fascina con su perra Roxy. ¿Cómo significa —y me hago cargo del empleo de este verbo-metáfora— un perro al mundo? Hay puntos de contacto, hay comunicación: el perro puede darse cuenta cuando estás triste, cuando estás enojado, cuando estás contento, y hasta compartir esos estados de ánimo, hasta empatizar. Claro que no es lo mismo un gasterópodo pelágico que un mamífero superior. Es parte de la lección darwiniana: no comprender al mundo animal no humano como un todo homogéneo: hace unos años, escuché a un profesor de semiología asegurar que ‘los animales no tienen lenguaje’. La diferencia no es esa, la diferencia es que el ser humano es el único animal cuya capacidad comunicativa puede exceder los límites de su propia fisicidad. El ser humano es capaz de escribir o, más bien, de inscribir. Alexander Kluge dice que los libros son máquinas del tiempo. Y Walter Benjamin, que el hombre puede nombrar las cosas porque las cosas se comunican con él (2011: 36). Continuar leyendo

Duelo: privado y político

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En los filmes del periodo que nos ocupa (los producidos desde fines de la década de 1990 hasta el presente), en cambio, estas imágenes de las manifestaciones urbanas son puestas en contigüidad con los espacios interiores (una casa, un cuarto con libros, un living) en los que se nos entrega un testimonio y una nueva gestualidad. Ya no el rostro atravesado por el grito o hablado por el rumor revolucionario del nosotros, sino el de un recogimiento melancólico, con un tono más bien reposado. El cuerpo que habla reposa en una silla: es el hombre sentado que domina los documentales de la memoria. El rostro no se modula en la manifestación sino en la entrevista, no se entrevera con los muchos sino que se exhibe en el cara a cara: se expone a la mirada del otro y al ojo tecnológico que actúa con precisión quirúrgica, descomponiéndolo y subrayando el exceso que cada gesto implica.

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En los matices imperceptibles de la mímica, lo que el gesto borra es la distinción entre la voluntad y el automatismo, entre la individuación y el anonimato, entre lo propio y lo ajeno, evidenciando toda la ambivalencia entre la soberanía y el extravío, manifestaciones simultáneas de un mismo fenómeno: el del rostro que quiere tener un nombre —y la inscripción en videograph nos recuerda su nombre y a menudo aquello que lo define socialmente— pero que se muere por dejar paso a una serie de intensidades que no le pertenecen del todo (…)

AGUILAR, Gonzalo (2015). “El rostro y los gestos en los documentales sobre la dictadura”. En Más allá del pueblo. Imágenes, indicios y políticas del cine. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 144-145.