¿De una imagen a otra? Deleuze y las edades del cine

Por Jacques Rancière

 

Jacques Rancière

Existiría una modernidad cinematográfica. Ésta opondría al cine clásico del enlace entre imágenes, narrativo o significante, una autonomía de la imagen, doblemente marcada por su temporalidad autónoma y por el vacío que la separa de las demás. Esa ruptura entre dos eras habría tenido dos testigos ejemplares: Roberto Rossellini, inventor de un cine de lo imprevisto, que opone al relato clásico la discontinuidad y ambigüedad esenciales de lo real, y Orson Welles, inventor de la profundidad de campo, opuesto a la tradición del montaje narrativo. Y sus pensadores habrían sido dos: André Bazin, que en los años cincuenta teorizó, con bagaje fenomenológico y resonancias religiosas, el advenimiento artístico de una esencia del cine, identificada con su capacidad «realista» de «revelar el sentido oculto de los seres y las cosas sin quebrar su unidad natural»; y Gilles Deleuze, que en los años ochenta fundamentó el corte entre las dos edades en una rigurosa ontología de la imagen cinematográfica. A las afinadas intuiciones, a las aproximaciones teóricas de ese filósofo ocasional que fue Bazin, Deleuze les habría dado una base sólida: la teorización de la diferencia entre dos tipos de imágenes, la imagen-movimiento y la imagen-tiempo. La imagen-movimiento sería la imagen organizada según la lógica del esquema sensoriomotor, una imagen concebida como elemento de un encadenamiento natural con otras imágenes en una lógica de conjunto análoga a la del encadenamiento intencional de percepciones y acciones. La imagen-tiempo se caracterizaría por una ruptura de esa lógica, por la aparición —ejemplar en Rossellini— de situaciones ópticas y sonoras puras que ya no se transforman en acciones. A partir de ahí se constituiría —ejemplarmente en Welles— la lógica de la imagen-cristal, donde la imagen actual ya no encadena con otra imagen actual sino con su propia imagen virtual. Cada imagen se separa entonces del resto para abrirse a su propia infinidad. Y lo que ahora se propone como enlace es la ausencia de enlace; el intersticio entre imágenes es lo que gobierna, en lugar del encadenamiento sensoriomotor, un reencadenamiento a partir del vacío. La imagen-tiempo fundaría, de este modo, un cine moderno, opuesto a la imagen-movimiento que era el corazón del cine clásico. Entre ambas se situaría una ruptura, una crisis de la imagen-acción o ruptura del «enlace sensoriomotor» que Deleuze relaciona con la ruptura histórica de la Segunda Guerra Mundial, y que engendra situaciones que ya no desembocan en ninguna respuesta ajustada. Continuar leyendo

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Contribución al estudio del cinema

Por César Vallejo

París, noviembre de 1927

Todavía en París se aplaude la retórica. Todavía Edmond Rostand obtiene para Chantecler la ovación de hace veinte años y los cantos del gallo de su fábula todavía suscitan en los ojos de las novias la humedad consabida. Cuando Víctor Francen, del Teatro Saint-Martin, con su lujoso plumaje ajiseco y su aguerrida cresta de cartón, sube al bardal y canta —¡cocoricó!, ¡cocoricó!— los balcones todavía crujen y el público responde con sus grandes aplausos de serie.

Los actores lo saben: un monólogo bien timbrado basta para sostener una pieza en el affiche durante un año. El gasto teatral lo hace todavía la retórica, por medio de la prosodia de la frase o por la del sentimiento. Porque si Francen triunfa, rompiéndose la lengua, lvonne Printemps triunfa hiperbolizando, por la milésima vez, la tonante emoción de la adúltera. Aquélla es la retórica del verbo; ésta es la del sistema nervioso.

Sin embargo, nadie podrá negar que estamos en 1927 y que las condiciones acústicas, externas o internas, de la vida, difieren de aquellas de hace un cuarto de siglo, en que se produjo Chantecler.

¿Habrá aumentado, acaso, el ruido, desde 1905 a esta parte? ¿Habrá disminuido? ¿Hay más ruido en el universo o menos que hace veinte años? Pero, he aquí que me parece haber preguntado mucho. ¡Casi le he dado al señor Einstein en las orejas con tamaña interrogación, que, sin darme cuenta exacta, me ha salido tan grande! No. Lo que yo quería saber es solamente si la vida se hace, con el tiempo, más ruidosa o más silenciosa. Los materialistas responderán que la vida marcha hacia el silencio, los espiritualistas, hacia la apoteosis del Verbo inmortal y los del centro sostendrán que el sonido existe en una cantidad constante en el universo y que lo que cambia es la proporción en que éste se mezcla o alterna con el silencio, según el tiempo y el espacio. Continuar leyendo

Imágenes: política y experiencia

Realidad y Percepción I

John Dewey proponía una concepción donde actividad intelectual, arte, ciencia, naturaleza y experiencia se interrelacionan. El pensamiento, ‘la lengua’ y, en ellos, la ciencia, constituyen “la dirección intencional de los acontecimientos naturales hacia significados pasibles de ser poseídos y disfrutados de manera inmediata; esta dirección —que es arte operativo— es en sí misma un acontecimiento natural en el que la naturaleza, de otro modo parcial e incompleta, viene a sí misma” (1929: 358).

John Dewey

John Dewey

Se trata de aprehender la lección darwiniana con un matiz: el ser humano es una especie más, desagregada entre otras especies; parte de la naturaleza, no exterior y superior a ella. Sin embargo, a su vez, como decía Wittgenstein en una frase que retorna, “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” (2014: pos. 155,2). Nuestra experiencia como especie es pura y exclusivamente nuestra, no constituye la experiencia.

En Adiós al lenguaje, Jean-Luc Godard juega con el 3D alterando la percepción del espectador. Vemos al mundo de una forma pero podríamos verlo, podríamos significarlo de otras. El límite está en lo propiamente humano. Por eso Godard se fascina con su perra Roxy. ¿Cómo significa —y me hago cargo del empleo de este verbo-metáfora— un perro al mundo? Hay puntos de contacto, hay comunicación: el perro puede darse cuenta cuando estás triste, cuando estás enojado, cuando estás contento, y hasta compartir esos estados de ánimo, hasta empatizar. Claro que no es lo mismo un gasterópodo pelágico que un mamífero superior. Es parte de la lección darwiniana: no comprender al mundo animal no humano como un todo homogéneo: hace unos años, escuché a un profesor de semiología asegurar que ‘los animales no tienen lenguaje’. La diferencia no es esa, la diferencia es que el ser humano es el único animal cuya capacidad comunicativa puede exceder los límites de su propia fisicidad. El ser humano es capaz de escribir o, más bien, de inscribir. Alexander Kluge dice que los libros son máquinas del tiempo. Y Walter Benjamin, que el hombre puede nombrar las cosas porque las cosas se comunican con él (2011: 36). Continuar leyendo

Jacques Rivette (1928-2016)

Ha muerto Jacques Rivette, crítico y cineasta, uno de los últimos representantes de lo que fue la Nouvelle Vague y qué mejor manera de recordarlo que con sus propias palabras. Lo que sigue es un fragmento de la entrevista que le hiciera Frédéric Bonnaud para Les Inrockuptibles en marzo de 1998 en ocasión del estreno de su film Secret défense. El autor menciona algunas películas —muchas de ellas contemporáneas al momento de la charla— y el realizador de L’Amour Fou le da sus impresiones críticas. Nacido en Rouen en 1928, Rivette pasó sus últimos años aquejado por el mal de Alzheimer. En las décadas del 50 y del 60 se destacó en su labor como crítico, sobre todo en Cahiers du Cinéma. Su ensayo más influyente es el axiológico De la Abyección, cuyo objeto de estudio —las implicaciones éticas en las decisiones formales de los cineastas— no se veía representado de la mejor manera, quizás, por el objeto empírico elegido —un travelling del film Kapò de Gillo Pontecorvo—, sobre todo cuando se hace algo tan delicado como cuestionar la mismísima moral de otra persona —artista o no—.[1] Estas breves ‘críticas orales’ cuentan con la virtud de mostrar tanto los alcances como las limitaciones de las aproximaciones a veces moralistas de Rivette, de la clase en las que lo pornográfico equivale a lo repugnante. Agrego, además, algunas de sus películas subidas a YouTube. (EID).

 

Europa 51 (Roberto Rossellini, 1952)

Europa 51

Cada vez que hago una película, desde París nos pertenece [Paris nous appartient] (1961) hasta Jeanne la Doncella [Jeanne la pucelle] (1994), me sigue volviendo la sensación de shock que experimentamos cuando vimos por primera vez Europa 51. Y creo que Sandrine Bonnaire realmente sigue la tradición como actriz de Ingrid Bergman. Puede adentrarse profundamente en territorio de Hitchcock, y puede adentrarse igual de profundo en territorio de Rossellini, tal y como ya ha hecho con Pialat y con Varda. Continuar leyendo

Duelo: privado y político

(…)

En los filmes del periodo que nos ocupa (los producidos desde fines de la década de 1990 hasta el presente), en cambio, estas imágenes de las manifestaciones urbanas son puestas en contigüidad con los espacios interiores (una casa, un cuarto con libros, un living) en los que se nos entrega un testimonio y una nueva gestualidad. Ya no el rostro atravesado por el grito o hablado por el rumor revolucionario del nosotros, sino el de un recogimiento melancólico, con un tono más bien reposado. El cuerpo que habla reposa en una silla: es el hombre sentado que domina los documentales de la memoria. El rostro no se modula en la manifestación sino en la entrevista, no se entrevera con los muchos sino que se exhibe en el cara a cara: se expone a la mirada del otro y al ojo tecnológico que actúa con precisión quirúrgica, descomponiéndolo y subrayando el exceso que cada gesto implica.

(…)

En los matices imperceptibles de la mímica, lo que el gesto borra es la distinción entre la voluntad y el automatismo, entre la individuación y el anonimato, entre lo propio y lo ajeno, evidenciando toda la ambivalencia entre la soberanía y el extravío, manifestaciones simultáneas de un mismo fenómeno: el del rostro que quiere tener un nombre —y la inscripción en videograph nos recuerda su nombre y a menudo aquello que lo define socialmente— pero que se muere por dejar paso a una serie de intensidades que no le pertenecen del todo (…)

AGUILAR, Gonzalo (2015). “El rostro y los gestos en los documentales sobre la dictadura”. En Más allá del pueblo. Imágenes, indicios y políticas del cine. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 144-145.

Howard Hughes: entre el genio y la locura

El director llamó a uno de sus asistentes.

—Mira la blusa de Jane.

El asistente observó a la actriz, que esperaba la orden para repetir la escena. Luego miró al director, confundido.

—En el busto… ¿no lo ves?

El asistente volvió a ver, titubeante, avergonzado.

—¿Qué es? No veo nada.

—¿No lo ves? La blusa, el tejido se junta en la costura…

La maquilladora se acercó a la actriz para hacer algunos retoques en su moreno rostro.

—Parece que tuviera dos pezones en cada pecho.Howard Hughes

El rodaje continuó, pero el director no podía quitarse de la mente el defecto de costura en la blusa de su joven estrella. Así que escribió un memorándum al equipo de filmación sobre cómo solucionar el asunto.

El director en extremo detallista de esta historia no es otro que Howard Robard Hughes, famoso millonario estadounidense, que aún no había cumplido los treinta. La actriz, Jane Russell, “la nueva Jean Harlow” de acuerdo con la campaña publicitaria ideada por el mismo Hughes. Y la película en cuestión, The Outlaw. Continuar leyendo

Festifreak 2015: Algunas películas

1.

"Cuerpo de letra" - Julián D'Angiolillo (2015)

“Cuerpo de letra” – Julián D’Angiolillo (2015)

Cuerpo de letra de Julián D’Angiolillo es la ganadora del premio mayor en la competencia de Largometrajes Argentinos del Festifreak 2015, que se desarrolló entre el 2 y el 11 de octubre en la ciudad de La Plata. Se trata de un film que borra los límites entre documental y ficción en el retrato del trabajo de los muchachos encargados de las pintadas políticas callejeras tan típicas en la Argentina.

El protagonista es Ezequiel Amorelli, músico y graffitero reclutado para ejercer otra forma de muralismo y construcción de esfera pública. En su cuerpo se materializa ‘la palabra’ —atributo humano característico— en una multiplicidad de formas de comunicación: no sólo pinta graffitis y, por un pago, nombres de políticos en campaña; además, canta en un conjunto de cumbia y graba avisos publicitarios para ser retransmitidos desde un avión sobre las poblaciones del conurbano bonaerense. Continuar leyendo

Escritura esencial sobre cine 1. Agosto 2015

Agosto se despide y, con él, se va extinguiendo el fresco placentero y gris. Con el correr de los días, se verá reemplazado por aires cada vez más agobiantes, poblados por sustancias microscópicas destinadas a irritar ojos y cerrar laringes. Los artrópodos emergerán de su letargo e invadirán nuestros hogares: blátidos que no nos permiten dormir con sus constantes crujidos, arañas listas a descender sobre nuestra piel desnuda y expuesta en el sueño, tisanuros que encuentran refugio y alimento dentro de libros, abejas prestas a iniciar una colmena en nuestros taparrollos. No hace falta recurrir a las producciones de David Attenborough o Werner Herzog para comprender aquello de “asesinato colectivo y abrumador”.

Es así que, con nostalgia anticipada por lo que estamos a punto de perder, inauguramos una nueva sección en El Zapato de Herzog, la cual, dada la constancia característica de este ínfimo espacio cinéfilo, no cuenta con ninguna garantía de mantenerse en el tiempo. “Escritura esencial sobre cine” remite a una idea llevada adelante por The Dissolve, sitio web estadounidense que acaba de cesar su publicación tras fracasar en el intento de realizar una revista online sobre cine que fuera rentable. Al menos en la Argentina, asistimos hoy día a un auténtico auge de las inquietudes relacionadas con el séptimo arte: matrículas récord en las carreras de comunicación audiovisual, cantidad de libros temáticos (Cine y filosofíaSubjetiva de nadieEl país del cineDel caminar sobre hielo, por nombrar sólo algunos ejemplos recientes) y hasta de algunas editoriales especializadas (v.g. Los Ríos), sumado a la profusión de páginas de Internet, revistas digitales y blogs.

La intención de este espacio es compartir mes a mes algunos textos de interés publicados en cualquier otra parte, así que aquí vamos. Continuar leyendo

Christopher Lee (1922-2015)

 

El pasado domingo 7 de junio falleció a los 93 años Christopher Lee, Comandante de la Orden del Imperio Británico, Caballero de la Venerable Orden de St. John y uno de los últimos íconos vivientes del cine entre los actores: más allá de las diferencias de edad, y tras su muerte, ya sólo nos quedan Kirk Douglas, Jean-Pierre Léaud y quizás algún otro cuya influencia pueda equipararse a la de Lee.

Curiosamente, la noticia recién se dio a conocer el jueves 11. En estos tiempos de hiperconectividad y exhibicionismo, no deja de llamar la atención que la familia de Christopher Lee haya podido guardar la noticia por cuatro días para rendirle los respetos correspondientes en la intimidad. Alguno habrá pensado, no sin razón, que estaban esperando a ver si en una de esas se levantaba de su lecho, como el conde Drácula al que supo encarnar en repetidas ocasiones entre 1958 y 1973 para la productora británica Hammer Films. Su interpretación del famoso vampiro es la más emblemática luego de la de Béla Lugosi en el film de Tod Browning en 1931. Continuar leyendo

“La monja portuguesa” de Eugène Green: Escena de la iglesia

 

¿Cómo se llama?

Hermana Joana. Elegí el nombre por Juana de Arco.

¿Tenía pensado terminar con un cerco?

Sí. ¿Puede permanecer de pie?

Sí, ahora ya estoy bien. Pero, ¿qué cerco quiere levantar?

El cerco que ha hecho Dios.

¿Dónde?

Dios está cercado en mí.

¿Hasta en usted?

¿Está sorprendida?

Sí.

Y sin embargo vivimos en el mismo mundo.

Sí, pero yo vivo en uno secular.

Dios no está encerrado en un convento.

Yo vivo amores profanos en gran cantidad.

Sólo hay un amor, que no tiene cantidad, es la calidad la que varía.

Soy actriz. Intento mostrar la verdad a través de cosas irreales.

Dios hizo lo mismo al crear el mundo. Continuar leyendo