Potencias de lo falso

Como una micropartícula que gira sobre sí misma a toda velocidad, la imagen-cristal nos ofrece lo real y lo imaginario en rotación permanente. ¿Cuántas capas se entrelazan en Fraud de Dean Fleischer-Camp? En primer lugar está lo que vemos: la historia de una familia que comete fraudes a cada paso. Pero luego, la inevitable sospecha: ¿no hay un fraude mayor, el fraude del cine? Jorge Acha, artista plástico, escritor y cineasta under argentino, dice en Cinéfilos a la intemperie que el arte es una mentira, que el arte es perjudicial: demostración de que hemos desviado nuestro camino, de que hemos roto el continuum que nos liga a nuestro ambiente. De ahí mismo podríamos deducir el impulso autodestructivo de la raza humana.

Fraud es un testamento del poder del montaje, que es el poder de la articulación sígnica. De modo tal que lo que vemos no es lo que realmente sucedió, aún cuando las imágenes de documental hogareño reclamen para sí la cualidad de lo verdadero. Pero aquí no hay lugar para cualidades: todo se vuelve proceso espejeante entre real y no-real. Lo ocluido de la diégesis funciona como germen maligno que intensifica la potencia fraudulenta del film. Eso ocluido es el tema único del cortometraje The lost object de Sebastián Díaz Morales: la técnica, el procedimiento, el contexto de producción.

Una inquietud falsaria similar impulsa The welfare of Tomás Ó Hallissy de Duncan Campbell. Aquí la referencia podría ser Robert Flaherty, el gran dramatizador del documental. En Man of Aran retrata la vida rural de Irlanda, pero introduce anacronismos: vemos a los pescadores atrapar un tiburón ballena para extraerle el aceite. Lo que la diégesis oculta es que ya habían transcurrido varias generaciones desde el abandono de esa práctica, por lo que Flaherty debió traer a un cazador Inuit para que les enseñara a los protagonistas cómo hacerlo. En su película, Campbell apela a registros médicos y antropológicos sobre la incidencia de la locura en la Irlanda rural. En el proceso, falsea la puesta en escena, simula un presente virtualizado por documentos del pasado.

Más difusa parece ser la falsedad detrás de Do donkeys act? de David Redmon y Ashley Sabin. El procedimiento tiene algún parentesco con el de Fraud. La cuidada selección y montaje de imágenes registradas a lo largo de mucho tiempo sirven a los efectos de plantear algo así como una narración imaginaria. Los muchos centros de cuidado y rehabilitación de burros —quizás el animal más cinematográfico y uno de los más espirituales— se condensan en uno, y la cantidad de animales garantiza una historia coral. En este sentido, el relato de Willem Dafoe resulta prescindible: sin él, la apariencia de documental de observación puro aumentaría, la película nos atraparía en su artilugio de ocultamiento. El germen maligno del fraude quedaría desatado.

Ezequiel Iván Duarte

Este texto fue publicado originalmente en un fanzine del Festifreak 2017

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Tiempo Muerto

The heat and the dust

Increase my desolation

In God we trust

Always for you and you and you and you

Robert Plant: “29 Palms”

 

¿Cuál es la medida de lo idéntico? Dos filas de casas —exactamente iguales—, una a cada lado de la calle. La monotonía del desierto de Mojave, superficie de edificios bajos y lomas suaves, apenas interrumpida. 29 Palms, pueblo de paso para guerreros de Dios, envuelto por la arena, solitario, en trance.

Entonces, ¿cómo sobrellevar —cómo matar— el instante, el mero estar, cualidad americana por excelencia? La cámara se fascina con las nucas de los soldados, nucas simétricas, cortadas al rape, indistinguibles en su pulcritud. Nucas de muchachos de veinte años que aborrecen y temen el perfil de George Washington en fondo púrpura. Continuar leyendo

Jacques Rivette (1928-2016)

Ha muerto Jacques Rivette, crítico y cineasta, uno de los últimos representantes de lo que fue la Nouvelle Vague y qué mejor manera de recordarlo que con sus propias palabras. Lo que sigue es un fragmento de la entrevista que le hiciera Frédéric Bonnaud para Les Inrockuptibles en marzo de 1998 en ocasión del estreno de su film Secret défense. El autor menciona algunas películas —muchas de ellas contemporáneas al momento de la charla— y el realizador de L’Amour Fou le da sus impresiones críticas. Nacido en Rouen en 1928, Rivette pasó sus últimos años aquejado por el mal de Alzheimer. En las décadas del 50 y del 60 se destacó en su labor como crítico, sobre todo en Cahiers du Cinéma. Su ensayo más influyente es el axiológico De la Abyección, cuyo objeto de estudio —las implicaciones éticas en las decisiones formales de los cineastas— no se veía representado de la mejor manera, quizás, por el objeto empírico elegido —un travelling del film Kapò de Gillo Pontecorvo—, sobre todo cuando se hace algo tan delicado como cuestionar la mismísima moral de otra persona —artista o no—.[1] Estas breves ‘críticas orales’ cuentan con la virtud de mostrar tanto los alcances como las limitaciones de las aproximaciones a veces moralistas de Rivette, de la clase en las que lo pornográfico equivale a lo repugnante. Agrego, además, algunas de sus películas subidas a YouTube. (EID).

 

Europa 51 (Roberto Rossellini, 1952)

Europa 51

Cada vez que hago una película, desde París nos pertenece [Paris nous appartient] (1961) hasta Jeanne la Doncella [Jeanne la pucelle] (1994), me sigue volviendo la sensación de shock que experimentamos cuando vimos por primera vez Europa 51. Y creo que Sandrine Bonnaire realmente sigue la tradición como actriz de Ingrid Bergman. Puede adentrarse profundamente en territorio de Hitchcock, y puede adentrarse igual de profundo en territorio de Rossellini, tal y como ya ha hecho con Pialat y con Varda. Continuar leyendo

“Punishment Park” de Peter Watkins: docudrama y ucronía

punishment park 3

Desde sus comienzos como cineasta a fines de los 50, Peter Watkins comenzó a ganar notoriedad no sólo por ser un director original, sino también por su visión con frecuencia oscura de los hechos políticos y mediáticos, lo que lo llevó a ser tildado de ‘paranoico’ e ‘histérico’ en contadas ocasiones, e incluso a que su obra fuera censurada. Punishment Park (1971) constituye una de sus películas más conocidas y controversiales, y pocos se han atrevido a exhibirla en los Estados Unidos, la nación que, en este caso, es objeto de la mirada negativa del realizador inglés.

 

El estilo de Watkins: del noticiero de televisión a la distopía

En su estilo se combina el docudrama, el cinéma vérité, el noticiero de televisión, la distopía y la ucronía, para difuminar las barreras entre ‘lo real’ (sea lo que sea) y la ficción, entre lo fáctico y lo inexistente pero posible. Ejemplo de esto es Culloden (1964), que trata sobre la Batalla de Culloden de 1746, en la que el Ejército británico derrotó a las fuerzas jacobitas, lo que terminó con el sistema de clanes en las tierras altas de Escocia. Lo novedoso del abordaje de Watkins está en la presentación de los hechos como documentados por un equipo de televisión, en la forma de los corresponsales de guerra modernos. Continuar leyendo

Festifreak 2015: Algunas películas

1.

"Cuerpo de letra" - Julián D'Angiolillo (2015)

“Cuerpo de letra” – Julián D’Angiolillo (2015)

Cuerpo de letra de Julián D’Angiolillo es la ganadora del premio mayor en la competencia de Largometrajes Argentinos del Festifreak 2015, que se desarrolló entre el 2 y el 11 de octubre en la ciudad de La Plata. Se trata de un film que borra los límites entre documental y ficción en el retrato del trabajo de los muchachos encargados de las pintadas políticas callejeras tan típicas en la Argentina.

El protagonista es Ezequiel Amorelli, músico y graffitero reclutado para ejercer otra forma de muralismo y construcción de esfera pública. En su cuerpo se materializa ‘la palabra’ —atributo humano característico— en una multiplicidad de formas de comunicación: no sólo pinta graffitis y, por un pago, nombres de políticos en campaña; además, canta en un conjunto de cumbia y graba avisos publicitarios para ser retransmitidos desde un avión sobre las poblaciones del conurbano bonaerense. Continuar leyendo

Christopher Lee (1922-2015)

 

El pasado domingo 7 de junio falleció a los 93 años Christopher Lee, Comandante de la Orden del Imperio Británico, Caballero de la Venerable Orden de St. John y uno de los últimos íconos vivientes del cine entre los actores: más allá de las diferencias de edad, y tras su muerte, ya sólo nos quedan Kirk Douglas, Jean-Pierre Léaud y quizás algún otro cuya influencia pueda equipararse a la de Lee.

Curiosamente, la noticia recién se dio a conocer el jueves 11. En estos tiempos de hiperconectividad y exhibicionismo, no deja de llamar la atención que la familia de Christopher Lee haya podido guardar la noticia por cuatro días para rendirle los respetos correspondientes en la intimidad. Alguno habrá pensado, no sin razón, que estaban esperando a ver si en una de esas se levantaba de su lecho, como el conde Drácula al que supo encarnar en repetidas ocasiones entre 1958 y 1973 para la productora británica Hammer Films. Su interpretación del famoso vampiro es la más emblemática luego de la de Béla Lugosi en el film de Tod Browning en 1931. Continuar leyendo

“La monja portuguesa” de Eugène Green: Escena de la iglesia

 

¿Cómo se llama?

Hermana Joana. Elegí el nombre por Juana de Arco.

¿Tenía pensado terminar con un cerco?

Sí. ¿Puede permanecer de pie?

Sí, ahora ya estoy bien. Pero, ¿qué cerco quiere levantar?

El cerco que ha hecho Dios.

¿Dónde?

Dios está cercado en mí.

¿Hasta en usted?

¿Está sorprendida?

Sí.

Y sin embargo vivimos en el mismo mundo.

Sí, pero yo vivo en uno secular.

Dios no está encerrado en un convento.

Yo vivo amores profanos en gran cantidad.

Sólo hay un amor, que no tiene cantidad, es la calidad la que varía.

Soy actriz. Intento mostrar la verdad a través de cosas irreales.

Dios hizo lo mismo al crear el mundo. Continuar leyendo

Breves apuntes sobre “Ave Fénix” de Christian Petzold

"Ave Fénix" ["Phoenix"] - Christian Petzold, 2014

“Ave Fénix” [“Phoenix”] – Christian Petzold, 2014

La última canción del disco The Age of Adz de Sufjan Stevens se titula “Impossible soul”. Se trata de una rapsodia o suite en cinco movimientos con una duración total de unos 25 minutos. Previo al lanzamiento de este álbum en 2010, podían ya distinguirse tres corrientes de experimentación musical en la carrera del cantautor. A grandes rasgos: un costado folk más despojado (A sun came, Seven Swans, partes de Michigan); otra vertiente que mantiene la base folk pero abundante en arreglos orquestales, muchas veces de tal densidad que ha llevado a varios críticos a emplear el término “barroco” para caracterizar la música (partes de Michigan, casi todo Illinoise y The Avalanche); y un disco electrónico repleto de disonancias y derivas, Enjoy your rabbit, el segundo LP de su carrera. Para The Age of Adz, Stevens retomó el camino comenzado y abandonado con aquella obra inspirada en el horóscopo chino, sustituyendo con electrónica chirriante la columna vertebral folk de sus discos anteriores, pero conservando los arreglos orquestales.

Volvamos a la canción que cierra el disco: los primeros veinte minutos recorren diferentes estados de ánimo, desde el melodrama hasta las ganas de entrarle al baile, y también diferentes empleos de la instrumentación electrónica, a veces con coqueteos noise y, en otras oportunidades, con un empleo del vocoder digno del más vulgar cantante pop comercial. Pero es el quinto y último movimiento —conocido como “Pleasure Principle”—, en los tres minutos finales, el que resalta. A simple vista, parece romper la lógica de la canción y del disco; junto a la guitarra eléctrica sin distorsión se intuye una guitarra acústica, ausente del resto de la obra. Pero, entonces, uno recuerda que la breve canción que abre el disco, “Futile Devices”, si bien no presenta el sonido de la guitarra acústica en el esqueleto de la composición, sí tiene un espíritu despojado y melancólico que se condice, casi en referencia circular, con los minutos finales. Continuar leyendo

Oscars 2015: 2. Resaca (en foreign language)

El Oscar a mejor película en idioma extranjero ha guardado con frecuencia similitudes con ese otro canonizante premio septentrional que le indica al mundo qué (y cuándo) leer: el Nobel de literatura. La corrección política llevada a sus extremos, en donde la supuesta capacidad de un autor para pintar su aldea —y, mientras más periférico el artista, más “aldea” se le exige— se vuelve un factor aún más preponderante que su trabajo con materiales y formas. Por supuesto que esa “aldea” debe ajustarse a los conceptos a priori que desde esos centros de poder tengan sobre uno; o, por lo menos, ofrecer en cucharita de té una reflexión —humanista o misantrópica— acerca de la condición humana. De ahí las ganas de muchos críticos en leer metáforas de historias, situaciones sociales y actualidades políticas en cualquier film que llegue en un idioma distinto del propio. Y de ahí que instituciones como The Academy busquen adrede las películas que puedan ajustarse a esos criterios, ignorando en el proceso cosas como El caballo de Turín, demasiado extraterrestres como para satisfacer el aburguesamiento intelectual de algunos.

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Premios Oscar 2015: 1. ¡Detengan la premiación, me quiero bajar!

¿Importan los Oscar?, se preguntaba Fernando Varea en la antesala de la edición 2014. La preponderancia del cine de Hollywood a nivel global, y del cine que Hollywood canoniza, aunque no provenga de sí mismo, es ostensible en las carteleras y las programaciones televisivas de casi cualquier lugar del mundo, cuasi-monopolizadas por sus producciones. ¿A qué lógica responde esta preponderancia? ¿En qué se basa esta atracción única y privilegiada? A esta altura del partido, deben ser pocos los que asocien cantidad con calidad, pero también es cierto que el desprecio por cualquier cine que ose desafiar las convenciones de la estética masiva está muy vivo: pienso en el forista que, disgustado por la evaluación negativa que otro había hecho de un film que, evidentemente, a él o ella le había gustado (creo que era Birdman, pero la memoria puede engañarme), lo mandó a ver cine checoslovaco —una variante del “por qué no te vas a ver cine iraní”, o de “vos porque te hacés el que te gustan esas pelis donde no pasa nada para hacerte el intelectual pretensioso”—. Lo peor es que esto pase en un sitio web orientado al ‘cine de culto’ como Cultmoviez. (Ya que estamos, aprovechemos para tomar la chicana del forista antes mencionado de manera literal: veamos cine checoslovaco; Frantisek Vlácil es un buen comienzo, por ejemplo con las extraordinarias —y ‘conseguibles’— Marketa Lazarová y El valle de las abejas).

El estigma del entretenimiento pesa en el cine con una fuerza inexistente en otras artes, quizás por las características que arrastra de origen, por su potencial masivo inédito (“El cine no es un arte de cultos, sino de iletrados”, ha afirmado Herzog, quien también ha asociado su realización a “un procedimiento atlético, no estético”). Si bien habrá personas que no le exigen más que diversión para pasar el tiempo a su literatura o a su música, es más difícil que alguna de ellas mande a ‘leer a Borges’ a cualquiera que ose esbozar una crítica negativa de la literatura pasatista, ya sea que tenga o no pretensiones de profundidad. Se admite con honestidad que existe una literatura más compleja que otra, que existe una jerarquía, y que el entretenimiento sólo puede ser un valor para la de menores pretensiones, sencillamente porque no tiene más valor que ése. Continuar leyendo