Jacques Rivette (1928-2016)

Ha muerto Jacques Rivette, crítico y cineasta, uno de los últimos representantes de lo que fue la Nouvelle Vague y qué mejor manera de recordarlo que con sus propias palabras. Lo que sigue es un fragmento de la entrevista que le hiciera Frédéric Bonnaud para Les Inrockuptibles en marzo de 1998 en ocasión del estreno de su film Secret défense. El autor menciona algunas películas —muchas de ellas contemporáneas al momento de la charla— y el realizador de L’Amour Fou le da sus impresiones críticas. Nacido en Rouen en 1928, Rivette pasó sus últimos años aquejado por el mal de Alzheimer. En las décadas del 50 y del 60 se destacó en su labor como crítico, sobre todo en Cahiers du Cinéma. Su ensayo más influyente es el axiológico De la Abyección, cuyo objeto de estudio —las implicaciones éticas en las decisiones formales de los cineastas— no se veía representado de la mejor manera, quizás, por el objeto empírico elegido —un travelling del film Kapò de Gillo Pontecorvo—, sobre todo cuando se hace algo tan delicado como cuestionar la mismísima moral de otra persona —artista o no—.[1] Estas breves ‘críticas orales’ cuentan con la virtud de mostrar tanto los alcances como las limitaciones de las aproximaciones a veces moralistas de Rivette, de la clase en las que lo pornográfico equivale a lo repugnante. Agrego, además, algunas de sus películas subidas a YouTube. (EID).

 

Europa 51 (Roberto Rossellini, 1952)

Europa 51

Cada vez que hago una película, desde París nos pertenece [Paris nous appartient] (1961) hasta Jeanne la Doncella [Jeanne la pucelle] (1994), me sigue volviendo la sensación de shock que experimentamos cuando vimos por primera vez Europa 51. Y creo que Sandrine Bonnaire realmente sigue la tradición como actriz de Ingrid Bergman. Puede adentrarse profundamente en territorio de Hitchcock, y puede adentrarse igual de profundo en territorio de Rossellini, tal y como ya ha hecho con Pialat y con Varda. Continuar leyendo

Planos (desolación)

"Stray Dogs" ["Jiao you"] - Tsai Ming-liang, 2013

“Stray Dogs” [“Jiao you”] – Tsai Ming-liang, 2013

Stray Dogs. O Perros Callejeros. Excursiones por los suburbios, entre la naturaleza y las construcciones derruidas. Debe ser la película más exigente de Tsai Ming-liang, director taiwanés nacido en Malasia. “El Antonioni de Oriente” para algunos. También “El poeta de la alienación”.

Algunos de sus planos larguísimos, insostenibles, me recordaron otros de otra película que hallo dificultosa de otro cineasta que aprecio: Sátántangó de Béla Tarr. Si la memoria no me engaña, hay uno fijo, picado, en un bar con gente emborrachándose y comportándose de manera errática mientras se oye sin parar una melodía de acordeón. No lo he cronometrado, pero se extiende más allá del límite de lo soportable (para mí). Continuar leyendo

Oscars 2015: 2. Resaca (en foreign language)

El Oscar a mejor película en idioma extranjero ha guardado con frecuencia similitudes con ese otro canonizante premio septentrional que le indica al mundo qué (y cuándo) leer: el Nobel de literatura. La corrección política llevada a sus extremos, en donde la supuesta capacidad de un autor para pintar su aldea —y, mientras más periférico el artista, más “aldea” se le exige— se vuelve un factor aún más preponderante que su trabajo con materiales y formas. Por supuesto que esa “aldea” debe ajustarse a los conceptos a priori que desde esos centros de poder tengan sobre uno; o, por lo menos, ofrecer en cucharita de té una reflexión —humanista o misantrópica— acerca de la condición humana. De ahí las ganas de muchos críticos en leer metáforas de historias, situaciones sociales y actualidades políticas en cualquier film que llegue en un idioma distinto del propio. Y de ahí que instituciones como The Academy busquen adrede las películas que puedan ajustarse a esos criterios, ignorando en el proceso cosas como El caballo de Turín, demasiado extraterrestres como para satisfacer el aburguesamiento intelectual de algunos.

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Can(n)es 2014: Selección Natural 2. Resentidos o educados

"El río y la muerte" - Luis Buñuel, 1955.

“El río y la muerte” – Luis Buñuel, 1955

 

A comienzos de 2014 la Argentina vivió un breve pero intenso auge de linchamientos: los casos o, al menos, la publicación de los casos de delincuentes o presuntos delincuentes ajusticiados por “vecinos” indignados se multiplicó para algarabía de un sector relevante de la sociedad que no guardó insulto posible para los linchados —tildados las más de las veces de “choros”, señal del apocalipsis lingüístico y educacional— ni para aquellos que se atrevieran a condenar públicamente esa forma de ‘justicia popular’: “A vos porque nunca te pasó” o “Ya vas a ver cuando te maten a un familiar si decís lo mismo” aparecieron como salidas típicas. Si a alguien se le ocurre robar o agredir de otro modo a una persona inocente, merece lo peor; o, aún más grave, cualquier persona linchada pasa a ser de forma automática culpable de aquello de que se le acusa. En la ciudad de La Plata, una señora fue linchada por una turba iracunda. Su único pecado fue caminar por la vereda justo en el momento en que un (supuesto) ladrón huía en carrera. El ladrón la rozó y la turba infirió que ella debía de ser cómplice y que el muchacho le había pasado el botín en el roce.

Así, en nombre de la violencia del otro justificamos la propia: no se trataría de una agresión gratuita, como la del delincuente auténtico, sino de un acto de legítima defensa. No decimos que el sistema judicial y de seguridad del Estado funcione a la perfección precisamente, pero consiste de una serie de procedimientos y requerimientos que intentan garantizar la aplicación de la justicia de acuerdo a ciertas leyes, lo que implica no sólo la condena al culpable sino también que se evite condenar por error al inocente; mientras que la justicia de la turba iracunda carece de esos procedimientos y requerimientos, por lo que es mucho más fácil que, como en el caso de la señora platense o de un par de albañiles rosarinos cuyo pecado fue viajar en una moto quizás similar a la de dos motochorros que acababan de asaltar una remisería, termine con el ajusticiamiento de personas inocentes. Por supuesto, esto no significa que el linchamiento sí esté justificado cuando el agredido realmente ha cometido un crimen, simplemente se intenta señalar la ‘poca calidad’ de una justicia aplicada de este modo. Más que de una forma de hacer justicia, entonces, se trata de una forma de hacer catarsis pública y, para ello, cualquier chivo expiatorio viene bien. Continuar leyendo

Siete versiones de Kafka: 3. y 4. Ensueños/Implicaciones

Un médico rural [Kafuka: Inaka isha] – Koji Yamamura, 2007

El médico rural – Leandro Ipiña, 2001

“El deseo de la muerte es uno de los primeros indicios que empezamos a discernir. Esta vida nos parece intolerable, la otra inaccesible. Ya no se siente vergüenza de querer morir; se implora desde la vieja celda que se odia, ser trasladado a otra nueva, que tendremos todavía que aprender a odiar. Se da en esto también un poquitillo de fe, en que durante el traslado, el Señor aparezca por el pasillo, observe a la cara al prisionero y diga: ‘A este no debéis encerrarle más, que venga a mí.’”

KAFKA: Consideraciones acerca del pecado

1.

Las líneas de los dibujos son desprolijas y cambiantes, tiemblan y se multiplican; los volúmenes se alteran y deforman en anamorfismos que tan pronto aplastan la imagen (todo es suelo) como la inflan hasta casi hacerla estallar, las cabezas se estiran, los ojos saltan de las órbitas. Ante cada paso, el médico debe luchar con sus piernas que se estiran, con su cuerpo que se curva en formas grotescas y se fija en la nieve. Continuar leyendo