Howard Hughes: entre el genio y la locura

El director llamó a uno de sus asistentes.

—Mira la blusa de Jane.

El asistente observó a la actriz, que esperaba la orden para repetir la escena. Luego miró al director, confundido.

—En el busto… ¿no lo ves?

El asistente volvió a ver, titubeante, avergonzado.

—¿Qué es? No veo nada.

—¿No lo ves? La blusa, el tejido se junta en la costura…

La maquilladora se acercó a la actriz para hacer algunos retoques en su moreno rostro.

—Parece que tuviera dos pezones en cada pecho.Howard Hughes

El rodaje continuó, pero el director no podía quitarse de la mente el defecto de costura en la blusa de su joven estrella. Así que escribió un memorándum al equipo de filmación sobre cómo solucionar el asunto.

El director en extremo detallista de esta historia no es otro que Howard Robard Hughes, famoso millonario estadounidense, que aún no había cumplido los treinta. La actriz, Jane Russell, “la nueva Jean Harlow” de acuerdo con la campaña publicitaria ideada por el mismo Hughes. Y la película en cuestión, The Outlaw.

Las obsesiones de Hughes
Lejos de ser el simple capricho de un perfeccionista, la fijación con los supuestos pezones dobles de la Russell fue un síntoma temprano del síndrome obsesivo-compulsivo que caracterizó el extraño comportamiento de Hughes desde su juventud. El avance de su deterioro mental fue, en buena medida, de la mano de una creciente ruptura e innovación tanto en el campo cinematográfico como, sobre todo, en el de la aeronáutica. El típico caso del genio loco.

Ya en su niñez, Howard Hughes dio muestras de un particular talento: a los once, construyó el primer transmisor de radio de Houston, Texas; y a los doce, salió en un diario local como el primer niño en fabricar una bicicleta motorizada. Años más tarde, no solo escandalizó a la vigilante censura hollywoodense con las escenas violentas de Scarface y el sensual vestuario de Jean Russell en The Outlaw, sino que también construyó un imperio en la industria de la aviación, al romper récords de velocidad y resistencia como piloto y al colaborar en el diseño y desarrollo de aviones innovadores a través de Hughes Aircraft, como el gigantesco Hércules.the outlaw 2

El vínculo entre genio y locura
“La tarjeta de identidad del genio consiste en su talento creativo, rompedor, innovador”, explica la psicóloga Raquel Buznego, que además, lo diferencia del superdotado por no obtener, muchas veces, valores altos en las pruebas de coeficiente intelectual, y por ser estudiantes considerados con frecuencia “de baja calidad” por el desinterés mostrado ante la enseñanza reglada.

El mismo Hughes, pese a la temprana manifestación de sus habilidades como ingeniero, era más bien un estudiante mediocre. Asimismo, Buznego agrega que “el genio es, o puede ser, objeto de recelo, desconfianza, incomprensión y, en no pocas ocasiones, tildado de loco”.

¿Pero existe un vínculo real entre genio y locura? En 1947, a los 42 años, la obsesión del millonario llegó a uno de sus clímax: se pasó cuatro meses encerrado desnudo en una sala de cine cerca de su mansión. Subsistió exclusivamente a base de chocolates y leche. En ese período no se afeitó, cortó el cabello ni las uñas, y tampoco se bañó. Almacenó su orina en frascos y defecó en diversos contenedores. Apiló cajas de pañuelos descartables de todas las formas posibles. Además, se negó a comunicarse con el mundo exterior: solo le ordenó a sus asistentes, a través de telegramas escritos en papel, que no le hablaran, que no lo vieran y que solo respondieran si él se lo pedía.

Crear un genio
En su artículo “Beautiful Minds: Is there a link between genius and madness?” (Mentes hermosas: ¿hay un vínculo entre genio y locura?), el doctor Kenneth Lyen repasa los resultados de varios estudios enfocados en resolver la incógnita. Por ejemplo, en 1974, Nancy Andreasen, de la Universidad de Iowa, estudió a treinta miembros de la facultad que asistieron a un taller de escritura y descubrió que el ochenta por ciento de los escritores sufría de depresión o desorden bipolar, bastante más que en el grupo de control, donde el número llegaba al treinta por ciento. Además, datos del Departamento de Censos de Estados Unidos muestran que la tasa de suicidios entre artistas es tres veces más alta que la media nacional.

Lyen concluye que el vínculo entre genio y locura es muy complejo, al existir una serie de factores diversos, como ser un mínimo e indispensable nivel de inteligencia, la habilidad para unir y ‘grabar’ ideas de diferentes dominios mentales, la flexibilidad en el pensamiento, la autodisciplina, entre otros, que “conspiran para crear un genio”. ¿Y dónde entra la locura en todo esto? Pues bien, así como la ceguera ayuda a intensificar las percepciones auditivas y olfativas, algunas clases de padecimientos mentales pueden causar adaptación compensatoria. Por ejemplo, un disléxico que tiene problemas con el lenguaje oral y escrito, lo compensa mejorando su percepción visual y creatividad.

Del mismo modo, las manías moderadas pueden aumentar la confianza en uno mismo y el optimismo y se relacionan con un pensamiento ágil y una mejor fluidez verbal. Sin embargo, las manías severas generan lo opuesto: falta de concentración y comportamiento salvaje: el eremita Hughes y sus pilas de cajas de pañuelos descartables.

Otra forma en que la locura puede ayudar al desarrollo del genio es, en enfermedades como la esquizofrenia y el trastorno bipolar o psicosis maníaco-depresiva, los constantes saltos en el pensamiento, la habilidad para pasar de una idea a otra muy diferente y asociarlas de una manera nueva o poco convencional, algo importante en el proceso creativo.

Los últimos añosHoward Hughes Time magazine
En los últimos años de su vida, Howard Hughes se rodeó de mormones y saltó de un hotel a otro, llegando a comprar una posada en Las Vegas solo para remover un cartel de neón que se veía desde su habitación en la Desert Inn, devenida por un tiempo en su cuartel de operaciones.

El consejo a cargo de manejar sus gigantescos negocios también tenía que lidiar con sus caprichos: cuando el jefe se obsesionó con el helado Banana Ripple de Baskin-Robbins, tuvieron que realizar una petición especial a la empresa (el sabor estaba discontinuado) por un embarque de 750 litros. Cuando al fin llegó, Hughes no quiso saber nada con ese gusto: ahora quería chocolate blando. Al final, terminaron repartiendo helado de banana gratis a todos los clientes de casinos de la ciudad por un año.

En definitiva, como dice el doctor Lyen, “no tienes que estar loco para ser un genio… pero ayuda”.

 

Este texto fue publicado originalmente en Suite101 durante el año 2011.

 

Ezequiel Iván Duarte

Anuncios

1 comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s