Festifreak 2015: Algunas películas

1.

"Cuerpo de letra" - Julián D'Angiolillo (2015)

“Cuerpo de letra” – Julián D’Angiolillo (2015)

Cuerpo de letra de Julián D’Angiolillo es la ganadora del premio mayor en la competencia de Largometrajes Argentinos del Festifreak 2015, que se desarrolló entre el 2 y el 11 de octubre en la ciudad de La Plata. Se trata de un film que borra los límites entre documental y ficción en el retrato del trabajo de los muchachos encargados de las pintadas políticas callejeras tan típicas en la Argentina.

El protagonista es Ezequiel Amorelli, músico y graffitero reclutado para ejercer otra forma de muralismo y construcción de esfera pública. En su cuerpo se materializa ‘la palabra’ —atributo humano característico— en una multiplicidad de formas de comunicación: no sólo pinta graffitis y, por un pago, nombres de políticos en campaña; además, canta en un conjunto de cumbia y graba avisos publicitarios para ser retransmitidos desde un avión sobre las poblaciones del conurbano bonaerense.

La película es muy precisa en mostrar cómo se desarrolla y enseña la expertise necesaria en estos oficios: el estudio de las distintas tipografías, las distancias entre las letras para que sean legibles desde vehículos en movimiento, la forma de modular la voz para que se oiga correctamente desde los parlantes de la avioneta.

D’Angiolillo apela a una estética barroca en la cámara que traza espirales (alguno podrá incluso pensar en Gaspar Noé), el uso de fundidos encadenados y sobreimpresiones que conectan y superponen tiempos y espacios diferentes (el efecto de la nocturnidad), fantasmagorías y multiplicaciones, como cuando dos de los pintores intervienen sobre algunas letras para transformarlas en especies de emoticones (caritas felices, Pac-Mans fumando porro) y alterar, de ese modo, el mensaje original: el tiempo se acelera y los dos personajes se afantasman en muchos, sus linternas como un ejército de luciérnagas en la General Paz. Entonces, la película aparece, por momentos, como un palimpsesto en espejo con el de las paredes pintadas y vueltas a pintar una y otra vez, capa tras capa.

Cuerpo de letra 3

Es una vida en el margen, en el espacio de transición y de tránsito entre el encandilamiento de las luces de la gran metrópoli y sus suburbios precarizados, en las horas donde las mayorías duermen, en el límite de la legalidad (ya sea en las cercanías de la veda electoral o en la apropiación del espacio público). La luz del sol es escasa, la quietud una interdicción.

D’Angiolillo construye un territorio y una disputa por el territorio que involucran un movimiento constante, nunca lineal, donde los confines se esfuman, se constituyen en horizontes por definición inalcanzables. Es por ello que los lugares de tránsito como las autopistas se extienden más allá de su alcance físico, se imprimen en una forma de trabajo, en un estilo de vida, en unas condiciones materiales de existencia. El margen se vuelve intersticio. El territorio es siempre subjetivo.

Victoria de Juan Villegas fue otra de las películas argentinas destacadas. Documental de observación, aborda la vida de Victoria Morán, cantante de tangos y milongas. No apela a las imágenes de archivo para construir una típica biopic sino que se concentra en un presente que conecta con toda una tradición musical nacional, pero también con una forma de gestionar la producción artística que encuentra paralelismos con el cine ‘independiente’.

Victoria 1

“Victoria” – Juan Villegas (2015)

La propia música de Morán hila el relato, no sólo en su estado ‘final’ —el disco terminado, el recital— sino por sobre todas las cosas en los momentos de transición, de construcción: ensayos, zapadas después de cenar, clases de canto, procesos de composición de canciones. De nuevo, el intersticio, el espacio entre.

 

2.

Respecto a las películas extranjeras, este año, el Festifreak invitó a tres publicaciones de cine a programar y presentar películas para la sección Las Elecciones. Pude ver Sueñan los androides del español Ion de Sosa, presentada por Las Pistas, y Branco sai, preto fica de Adirley Queirós, presentada por los cordobeses de Cinéfilo, ambas películas de ciencia ficción hechas con escaso presupuesto y bastante imaginación.

El film de Sosa, rodado en 16 milímetros, está ambientado en la España de 2052. Ya desde su título remite al clásico de Philip Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, nouvelle en la que se basó Blade Runner. Nuestro Harrison Ford llora la muerte de su oveja —especie en peligro de extinción en este futuro— mientras persigue y asesina a tiros a varias personas o, más bien, podría uno suponer, “androides” o “replicantes”: a la película no le interesan las explicaciones (ni la posibilidad de ser enjuiciados por los herederos de Dick en un caso de violación de derechos de autor) y apela a un enrarecimiento royanderssoniano, al que contribuye los rascacielos soleados de la ciudad de Benidorm, en Alicante, Comunidad Valenciana.

"Sueñan los androides" - Ion de Sosa (2014)

“Sueñan los androides” – Ion de Sosa (2014)

Branco sai, preto fica, por su parte, une tres momentos históricos en los suburbios empobrecidos de Brasilia, habitados mayormente por negros. En el pasado (documental), la irrupción terrorista de la policía en una fiesta, al grito de “los blancos salen, los negros se quedan”, deja secuelas físicas y culturales visibles en dos de los protagonistas, que narran sus historias desde el presente, en el que se superponen lo documental (sus condiciones reales de existencia) y lo ficcional (un plan de venganza o, más bien, de recuperación de lo robado). La pata futurista la constituye un viajero en el tiempo que llega con la misión de recabar pruebas para enjuiciar al Estado brasilero por las violaciones sistemáticas a los derechos de algunos de sus ciudadanos (los pobres y negros, básicamente).

Es cine de denuncia, sí, y del bueno, porque apela al cariño por sus personajes y a una imaginación sincera y algo descarada para hablar del racismo institucionalizado. Los marginados pasan al frente, no como violentos y delincuentes, tampoco como pobrecitos-víctimas, sino como representantes de una cultura despreciada dispuesta a hacer justicia a través de la música. Desde la minoría, Queirós contribuye a (re) crear su propio pueblo.

"Branco sai, preto fica" - Adirley Queirós (2015)

“Branco sai, preto fica” – Adirley Queirós (2015)

La reflexión sobre el pasado permea Battles, de Isabelle Tollenaere y Nepal Forever, de Aliona Polunina. En la primera, los restos y fantasmas de la guerra reaparecen en el presente en las diferentes formas de reapropiación que se retratan. Así, en Bélgica aún se desentierran bombas de la Segunda Guerra Mundial que deben ser desactivadas, en Letonia los turistas pagan para participar en juegos de guerra, en Albania una familia que habita una zona semi-rural convive con los escombros de estructuras de concreto y con la misteriosa ausencia de los adultos de mediana edad (sólo aparecen niños, adolescentes y ancianos), en Rusia un pueblo prepara réplicas en tela de tanques, misiles, cazabombarderos y camiones para un festejo ritual.

La rigurosidad formal es ostensible en el nulo movimiento de cámara (salvo cuando se halla dentro de un auto en marcha) y en la cuidadosa composición de cada encuadre. No puedo, sin embargo, dejar de percibir cierta esterilidad, cierta falta de brío en un film correctísimo tanto desde lo formal como desde la propuesta de reflexión sobre un pasado atroz que continúa presente y que exige de la imaginación y de su creatividad para reapropiarlo y poder seguir viviendo.

"Battles" - Isabelle Tollenaere (2015)

“Battles” – Isabelle Tollenaere (2015)

"Nepal Forever" - Aliona Polunina (2013)

“Nepal Forever” – Aliona Polunina (2013)

Nepal Forever es otro híbrido entre documental y ficción. Dos miembros de uno de los muchos partidos comunistas en la Rusia actual —no del mayoritario, precisamente— deciden viajar a Nepal para mediar entre los dos partidos comunistas allí enfrentados —el maoísta y el leninista— y evitar el caos social. La falta de presupuesto obliga a uno de ellos a viajar a pie y a sobrevivir mediante la caza del castor y la evitación del tigre.

Los dos protagonistas parecen un tanto alienados en sus (supuestas) convicciones, y sus dificultades para conectar con los nepalíes —en parte, pero no solo, por las diferencias idiomáticas—. Esto da lugar a situaciones incómodas y absurdas, cuyo humor se va apagando en el transcurso del metraje.

 

3.

"Bär" - Pascal Floerks (2014)

“Bär” – Pascal Floerks (2014)

El oso, avatar de Odín, símbolo de guerrero feroz. En la mitología germánica y nórdica, los berserkers eran guerreros con la capacidad de transformarse en úrsidos durante la batalla. Más plausible parece la versión que indica que estos soldados solían vestir abrigos de piel de oso para investirse del poder y la gracia del amo de Sleipnir y rey del Asgard (Ber: Oso; Serkr: camisa, abrigo).

En el cortometraje Bär, Pascal Floerks representa a su abuelo, soldado alemán durante la Segunda Guerra, como un oso. Literalmente. Compuesta de fotografías fijas que se suceden una tras otra como quien pasa diapositivas, narra su vida, marcada por las consecuencias de la violencia del conflicto bélico, hasta su decadencia física y fallecimiento. En todas las fotos, tanto las realizadas exclusivamente para la película como en las imágenes de archivo, el abuelo es un enorme oso pardo. El efecto humorístico de las imágenes, claro está, contrasta, en una potenciación mutua, con el relato elegíaco en la voz en off del director.

Las distintas manifestaciones de la animalidad es también un tema en Ming of Harlem de Phillip Warnell. Aquí se narra la historia de Antoine Yates, un vecino de Nueva York que crió a un tigre de bengala, Ming, y a un aligátor[1], Al, en un departamento. El idilio terminó cuando Ming lo mordió, por lo que debió contactar al 911 y develar su secreto. Fue condenado a unos pocos meses en prisión.

¿Qué puede llevar a un hombre a convivir con animales depredadores en un ambiente cerrado? La visión de Yates remite al mito edénico en el que humanos y animales convivían en paz y armonía. “¿Por qué lo hiciste?”, le preguntan los periodistas en las imágenes de archivo. “Por amor”, contesta.

"Ming de Harlem: Veintiún pisos en el aire" ["Ming of Harlem: Twenty one storeys in the air"] - Phillip Warnell (2014)

“Ming de Harlem: Veintiún pisos en el aire” [“Ming of Harlem: Twenty one storeys in the air”] – Phillip Warnell (2014)

El error de Yates fue reducir al tigre y al cocodrilo a la cosmovisión y a la experiencia humanas. A priori, Yates no se ubica en una posición de superioridad ontológica respecto al felino y al reptil pero, con sus acciones, contradice sus postulados: obliga a adaptarse a los animales a un modo de vida que no les corresponde y que no puede justificarse en la destrucción de sus ambientes naturales. Mirar boxeo en la televisión puede significar mucho para una persona, pero no significa nada para un tigre.

La ambigüedad de lo animal que permea la cultura humana. Símbolo de lo sagrado, ha sido tan pronto modelo de virtud como del vicio. Es comprensible, de esta forma, que el empleo de los animales en la crítica al antropocentrismo culmine, a veces, en más antropocentrismo.

Warnell recrea el departamento de Yates y, en una extensa secuencia, permite darnos un vistazo sobre cómo se desenvuelven estos animales en un lugar de este tipo. Asimismo, una voz femenina recita un largo poema de Jean-Luc Nancy que no funciona más que como explicación rebuscada y prescindible.

 

4.

El Festifreak suele contar con tres secciones para películas viejas. El Cineclub permite disfrutar de obras en 16 milímetros y recuperar así una experiencia pretérita. Este año se exhibieron El Estado de las Cosas de Wim Wenders, seleccionada y presentada por el músico Sergio Pángaro, y, con oscura oportunidad, D’Est, de Chantal Akerman, con la introducción de la escritora Cecilia Pavón. Lamentablemente, no pude asistir a las proyecciones, como sí había hecho el año anterior con Les enfants du paradis de Marcel Carné y con La ley del más fuerte de Fassbinder, que llenó la sala a tope.

"Il Decameron" - Pier Paolo Pasolini (1971)

“Il Decameron” – Pier Paolo Pasolini (1971)

La retrospectiva estuvo dedicada nuevamente a un cineasta italiano, gracias al acuerdo del festival con el consulado de Italia en La Plata. El elegido fue Pier Paolo Pasolini. Pude cazar El Decameron para reconfirmar la enorme vigencia de su cine y la falta que nos hace: de los últimos años, sólo Qué difícil es ser un Dios de Aleksei German podría relacionarse con momentos de la obra pasoliniana: en alguna otra parte, escribí que la película póstuma del cineasta ruso podría haber integrado la supuesta Trilogía de la Muerte que Pasolini habría inaugurado —y clausurado trágicamente— con Salò, o los 120 días de Sodoma.

El director supo interpretar que la sátira hilarante que Bocaccio hace de la sociedad medieval, como toda gran obra artística, conserva su vigencia: la hipocresía religiosa, los tabúes sexuales, las miserias de las clases altas y de las bajas, la relevancia de la creación artística y la tiranía del dinero; así como también la voluptuosidad de las imágenes de la ‘alta’ y de la ‘baja’ cultura, en fornicación mutua.

Entre las películas musicalizadas, pude asistir a la proyección de Koyaanisqatsi de Godfrey Reggio, con la banda sonora de Philip Glass dejando lugar al ensamble de música electrónica Central Eléctrica Discos. Estrenada en 1982 tras varios años de rodaje, Koyaanisqatsi —“vida fuera de balance” en idioma Hopi— es quizás uno de los documentales más influyentes de todos los tiempos, e inauguró una tendencia de films basados en la plasticidad y sensualidad de planos abiertos de la naturaleza y la vida urbana acompañados de música antes que de narración o entrevistas, en la que podríamos incluir Lecciones de oscuridad de Herzog, Baraka de Ron Fricke —co-guionista y fotógrafo del film de Reggio— y otros trabajos del propio director orleanniano, por empezar, las secuelas Powaqqatsi y Naqoyqatsi, también Anima Mundi.

La propuesta del Freak fue que el público pudiera bailar y disfrutar del film al mismo tiempo. Sin embargo, la mayor parte de los asistentes —yo incluido, víctima de un cansancio atroz— optó por permanecer sentada y ver los cuerpos en sombra de los músicos recortados contra las imágenes.

"Koyaanisqatsi" - Godfrey Reggio (1982)

“Koyaanisqatsi” – Godfrey Reggio (1982)

[1] Aligátor (subfamilia Alligatorinae), del inglés alligator (y éste del español ‘el lagarto’), no es exactamente lo mismo que un cocodrilo (género Crocodylus) ni lo mismo que un caimán (subfamilia Caimaninae).

 

Ezequiel Iván Duarte

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