Christopher Lee (1922-2015)

 

El pasado domingo 7 de junio falleció a los 93 años Christopher Lee, Comandante de la Orden del Imperio Británico, Caballero de la Venerable Orden de St. John y uno de los últimos íconos vivientes del cine entre los actores: más allá de las diferencias de edad, y tras su muerte, ya sólo nos quedan Kirk Douglas, Jean-Pierre Léaud y quizás algún otro cuya influencia pueda equipararse a la de Lee.

Curiosamente, la noticia recién se dio a conocer el jueves 11. En estos tiempos de hiperconectividad y exhibicionismo, no deja de llamar la atención que la familia de Christopher Lee haya podido guardar la noticia por cuatro días para rendirle los respetos correspondientes en la intimidad. Alguno habrá pensado, no sin razón, que estaban esperando a ver si en una de esas se levantaba de su lecho, como el conde Drácula al que supo encarnar en repetidas ocasiones entre 1958 y 1973 para la productora británica Hammer Films. Su interpretación del famoso vampiro es la más emblemática luego de la de Béla Lugosi en el film de Tod Browning en 1931.

Pero su primer rol emblemático no fue como el mítico conde, sino como el monstruo de La Maldición de Frankenstein en 1957, otra producción de la Hammer. Allí, su co-protagonista, en la piel del barón Victor Frankenstein, fue otro mito del horror británico, Peter Cushing. Juntos colaborarían en más de veinte películas y se volverían grandes amigos hasta la muerte de Cushing en 1994.

Su metro noventa y seis y su voz profunda lo convertían en una presencia insoslayable y en un villano temible. Su experiencia en la Segunda Guerra Mundial contribuyó a acrecentar el mito y a dotarlo de un bagaje esencial a la hora de interpretar a personajes oscuros: se unió como voluntario al Ejército Finlandés durante la Guerra de Invierno en 1939, aunque estuvo lejos del frente de batalla. Se sintió más útil tiempo después, cuando se unió a la Real Fuerza Aérea, aunque un defecto del nervio óptico le impidió volar. Por ello se transformó en oficial de inteligencia, trabajando sobre todo en el continente africano. Tras varios ascensos, llegó al grado de Teniente de Aviación. En los últimos meses antes de retirarse del servicio en 1946, y gracias en parte a su fluidez en varios idiomas, como el alemán y el francés, fue designado en el Registro Central de Criminales de Guerra y Sospechosos para la Seguridad, donde ayudó a rastrear criminales de guerra nazis.

 

Lee nunca estuvo satisfecho con hacer tantas películas de Drácula. Alguna vez explicó que James Carreras, presidente de la Hammer, lo presionó diciéndole que iba a dejar a mucha gente sin trabajo si se rehusaba a seguir interpretando al popular conde. Y, de hecho, la película preferida de Lee entre todas aquellas en las que participó no es una producción de Hammer sino de British Lion Films: The Wicker Man, de 1973, dirigida por Robin Hardy, donde interpreta al Lord de la ficticia isla Summerisle en Escocia, a la que arriba un sargento de la policía para investigar la desaparición de una niña.

Rasputín, La Momia, Fu Manchú, Sir Henry Baskerville, Sherlock Holmes, Scaramanga… podríamos estar todo el día enumerando papeles emblemáticos de Christopher Lee. Las generaciones más jóvenes lo recordarán en una serie de films recientes de directores muy afectos al género fantástico que no perdieron la oportunidad de trabajar con uno de sus referentes: George Lucas lo convocó para interpretar al malvado Conde Dooku en los episodios II y III de La guerra de las galaxias; y Peter Jackson hizo lo propio para interpretar al mago Saruman en las trilogías de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Lee, que conoció personalmente a JRR Tolkien, había soñado con interpretar a Gandalf, pero las limitaciones físicas impuestas por la edad se lo impidieron. El papel, como sabemos, quedó en manos de Ian McKellen.

Así como se demostró afecto al género fantástico en el cine, Christopher Lee tuvo un acercamiento muy significativo en el nuevo siglo al género musical quizás más cercano a la fantasía y a lo medieval: el metal, más específicamente, el metal sinfónico. No sólo contribuyó a un disco homenaje a Tolkien, sino que también colaboró con Manowar en la nueva versión de su álbum debut Battle Hymns, tomando el lugar que, en la versión original, había sido de otro genio del cine, Orson Welles. En 2010, a los 87 años, lanzó su primer disco de metal, Charlemagne: by the sword and the cross, donde relata la historia de Carlomagno, primer emperador del Sacro Imperio Romano, rey de los Lombardos y de los Francos. Aparentemente, y para acrecentar todavía más el mito, el propio Lee era descendiente de Carlomagno por parte de su familia materna, los Carandini.

 

Este texto fue escrito para la columna radial del ciclo de cine Otra Ventana en el programa “El Berretín Cultural” de Radionauta FM 106.3, La Plata, Argentina (19/06/2015).

Ezequiel Iván Duarte

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