“El mundo entero está muriendo de pánico”

Poison - Todd Haynes, 1991

Poison – Todd Haynes, 1991

Héroe. Horror. Homo. Tres historias entrelazadas con un hilo conductor doble: por un lado, la obra de Jean Genet —inspiración tomada de las novelas El Milagro de la Rosa, Nuestra Señora de las Flores y Diario del Ladrón; y del film Un Chant d’Amour—, en simultáneo y desprendiéndose, su particular visión del crimen y la (homo) sexualidad.

 

Héroe

En formato de documental de televisión, conformado en su mayoría por entrevistas a ‘cabezas parlantes’ y alguna que otra dramatización que bordea lo ridículo, se presenta el caso de un niño de siete años que ha asesinado de un disparo a su padre. A través de los testimonios de la madre, vecinos, empleados y compañeros de colegio, nos vamos aproximando a la personalidad del chico. Una enfermera lo define como “malvado”; una vecina recuerda cómo penetró al patio de su casa completamente desnudo, actuando como un animal salvaje; se hacen, además, referencias oblicuas a un placer perverso por las nalgadas. Pese a esto, la madre insiste en que había algo angélico en su hijo. Primera conexión con Genet: el homosexual como ser entregado al abismo pero, paradójicamente, desprovisto de real malevolencia, porque nunca alcanza la verdadera adultez —posición que podría ser discutida por los partidarios de juzgar a los niños como adultos, al menos en determinadas circunstancias—: un querubín del Mal, el chico de siete años dueño de un carácter perturbador que, tras matar a su progenitor y salvar así a su madre de una golpiza, se aleja volando hacia los cielos.

Poison 4

 

Horror

Aquí, el director Todd Haynes apela a la estética de las películas de ciencia ficción terrorífica de los años 50 y 60 —blanco y negro, encuadres torcidos, contrapicados— para contar la historia del doctor Graves, un científico que, pese a la resistencia de muchos de sus colegas que cuestionan su capacidad y cordura, logra sintetizar el instinto sexual sólo para, por error, tras verse perturbado por la presencia de una bella y joven colega que le solicita la posibilidad de asistirlo en sus investigaciones, ingerir el brebaje y transformarse en un “leproso” y en un asesino capaz de contagiar a los demás las pústulas supurantes que empiezan a extenderse por su piel.

Se ha visto en esta historia una metáfora del VIH-SIDA en una época donde el prejuicio y el desconocimiento sobre la enfermedad era aún muy grande —Poison fue estrenada en 1991, dos años antes que la famosa Filadelfia de Jonathan Demme—. Pero también podría considerarse al sexo en sí mismo como el veneno del título (y de las pústulas), como aquello capaz de corromper a la sociedad —una sociedad ya injusta y despreciable— y que, por lo tanto, debe ser normalizado para volverse inofensivo, para permanecer bajo un control determinado por ciertos intereses de dominio. Y si bien no es claro que el doctor Graves sea homosexual —más bien lo contrario, dada la relación con su joven admiradora, aunque podría inferirse algo de su transformación en un asesino de mujeres—, como manifestación minoritaria y disidente, la homosexualidad ocupa un lugar especial dentro del amplio mundo de la sexualidad humana debido a su potencia revulsiva.

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Homo

La más explícitamente (homo) erótica de las tres, y la única que no podría leerse como parodia —Héroe remeda a cierto tipo de documental televisivo algo amarillista y carente de ideas cinematográficas; Horror es pasible de ser vista como parodia-homenaje, como se señaló antes, a la combinación de ciencia ficción, horror y crítica socio-política en films de culto como Invasion of the Body Snatchers. El humor sutil, nunca subrayado, de estas partes está ausente de Homo, sustituido por una poderosa carga erótica—, abreva en el drama carcelario. Un hombre es detenido una vez más: ha rechazado a la sociedad, la cárcel se vuelve el destino de un exilio auto-infligido, deseado con profundidad. Escribe Genet en El Niño Criminal: “Por haber adquirido, a los 15 o 16 años, una mayoría de edad que la gente de bien no tendrá todavía a los 60, desprecia su bondad. Exige que su castigo se lleve a cabo sin dulzura. Exige para empezar, que los términos que lo definen sean el signo de una crueldad superior.”

El hombre se reencuentra con un antiguo compañero de reformatorio, cuyas repetidas humillaciones y abusos debido a su carácter gentil, presenció. Flashbacks nos traen escenas de la vida de los por entonces adolescentes, al aire libre, en un ambiente de una luminosidad dorada, otoñal, como una versión menos crepuscular de Querelle, la adaptación realizada por Rainer Werner Fassbinder de la novela Querelle de Brest del propio Genet. En ese bucolismo algo edénico, la camaradería del criminal no excluye a la injuria, la vejación y la traición, que se exaltan y erotizan.

En contraste, las escenas en el tiempo presente de la cárcel de adultos se caracterizan por una oscuridad azulina, frialdad y suciedad opuestas al idilio (perverso) de la prisión juvenil. Imposible no pensar en Un Chant d’Amour, única película de ficción dirigida por Genet. La tensión sexual se retroalimenta con la abyección en las condiciones de detención: los harapos que visten —tan azules y fríos como las sombrías mazmorras por las que vagan—; cómo duermen juntos, tirados en el suelo, algunos descalzos y con el torso desnudo y mugriento; en un escena, obligados a marchar con cadenas en los pies alrededor de un retrete elevado de modo que, cuando uno de ellos necesita defecar, no tiene más remedio que hacerlo en frente de los demás, expuesto sobre una tarima.

La sexualidad aparece así, una vez más, aunque ahora desprovista de guiño humorístico que la filtre, como hermana de la suciedad y la violencia, del crimen y el dolor. Y aunque algunas películas pornográficas estrafalarias intenten reconciliar al goce y el deseo sexuales con la risa y el humor, el sadomasoquismo prevalece y nos recuerda que es más factible tener un orgasmo y, al mismo tiempo, llorar, gritar de dolor o incluso morir (la pija erecta y eyaculante del ahorcado) que tener un orgasmo y estallar en carcajadas gracias a un buen gag humorístico.

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En la combinación de estilos a la que apela Haynes hay algo lúdico que opera en la aproximación a una filosofía a menudo considerada anacrónica —nos referimos, por supuesto, a las visiones acerca del crimen y la homosexualidad del escritor francés—. Así, Poison se constituye menos como una reafirmación, defensa de o encolumnamiento tras los postulados de Genet, y más como un aprovechamiento de la imaginación subversiva del escritor para explorar un erotismo y una sexualidad. Esto es más evidente en Homo, pero ya aparece con el niño de Héroe (la particular expresión en su rostro, según la madre, idéntica tanto cuando el padre lo nalgueaba como cuando la descubrió a ella en la cama con el jardinero; el relato de la vecina, que llegó a confundir al chico desnudo con un cervatillo).

Surge, de todos modos, un vínculo entre el sexo y lo prohibido, entre el sexo y lo criminal, y en su potenciación mutua en irresistible disolución —nótese el emparejamiento gráfico entre la mano del niño ladrón que recorre las joyas y otras posesiones, y la del preso que recorre el cuerpo magullado del hombre deseado; y, por supuesto, la trama entera de Horror, donde la esencia del instinto sexual se convierte en una auténtica corruptora del cuerpo individual y social.

 

Ezequiel Iván Duarte

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