Apuntes críticos Vol. 2: Panfleto para una crítica de cine activista

Nota preliminar: el siguiente manifiesto fue elaborado por la Asociación de Críticos de Cine de Alemania (VDFK). Al final se incluyen los nombres de los firmantes junto con una dirección de correo electrónico para aquellos que quieran suscribir y un link a la página web donde fue publicado el texto tanto en alemán como en inglés. Me tomo el atrevimiento de traducirlo al castellano porque resulta una toma de posición considerable y porque no logré hallar otra versión en este idioma. E.I.D.

 

Es con preocupación que consideramos la situación del cine y la crítica.

Durante las últimas décadas, distribuidores y exhibidores han renunciado a la idea de cine de repertorio y la han reemplazado por el cine arte. En la actualidad, muy pocos lugares ofrecen una programación que presente una alternativa a la corriente dominante. Bajo el término cine arte, ha prevalecido un cine convencional y formulaico —bajo la firma de un pretendido buen gusto. Excluido del stock de los distribuidores, el arte encuentra un refugio solemne en el circuito de festivales.

Esporádicamente, los festivales están ahora tomando el rol de cines de repertorio. Al mismo tiempo, se enfrentan a una presión creciente para justificarse ante patrocinantes, distribuidores y seguidores. Como en los demás campos de la exhibición cinematográfica, el sometimiento a la lógica del mercado, la orientación al destinatario y las agendas políticas constituyen una amenaza creciente.

Crear espacios abiertos es un esfuerzo permanente.

En la misma línea, la crítica en sí misma enfrenta un dilema drástico. Para articularse, necesita adaptar su pensamiento a las normas y condiciones de los mercados contemporáneos. Durante este proceso, comercia con su soberanía y se transforma en un servicio. El pensamiento independiente es reemplazado por el reflejo.

Aquellos quienes entregan el pensamiento libre pierden la capacidad de cuestionar el orden establecido. Las estructuras son declaradas determinantes. Las visiones son abandonadas. La falta de perspectivas económicas no debe conducirnos más a la asimilación intelectual.

Aquellos quienes entregan el pensamiento libre se someten a sí mismos al consenso y a la transigencia. Una cultura de debate productiva se vuelve imposible. Pero la controversia y el debate son esenciales para el despliegue de un discurso vívido. Sin discurso, no hay cultura. Sin discurso, no hay conocimiento. De hecho, se favorece la ignorancia.

Es el turno de la crítica. Aún transmite la potencia para explorar posiciones desafiantes. La crítica necesita superar su pragmatismo pasivo y reclamar una práctica activista.

Tenemos la voluntad, de forma individual y colectiva, para ejercer una crítica cinematográfica de tipo activista.

Estamos dispuestos a enfrentar riesgos económicos.

La crítica activista reflexiona sobre programáticas estéticas aún cuando parezcan de nula importancia. Examina la dimensión social de las obras aún cuando no sean una parte visible del tema. Con gran curiosidad observa lo que aparece como mundano. Defiende la pasión y condena la rutina. Niega el concepto de “simple entretenimiento”. El cine y la crítica pueden ser gozosos.

La crítica activista formula observaciones sobre el estado de la política cultural, sus premisas y limitaciones —aún cuando nadie haya encargado tal consejo. Contextualiza al cine respecto de las condiciones de mercado, de producción y financiación. Por medio de este proceso, crea conciencia y señala las limitaciones y perspectivas.

La crítica activista es subversiva. Socava un constructo que ha sido establecido sobre mentiras pragmatistas. Invalida los automatismos de los favores y de lo favorable.

La crítica activista no se limita a proclamas, sino que ingresa al campo. Es una fuerza creativa y estimulante.

Nuestra primera medida de crítica activista consiste en el lanzamiento de una Semana de la Crítica en el Festival Internacional de Berlín.

Ya no aceptaremos el abuso de la crítica de cine como servicio.

Oberhausen, 4 de mayo de 2014

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Suscriben: Dunja Bialas, Jennifer Borrmann, Frédéric Jaeger, Claus Löser, Dennis Vetter, Beatrice Behn, Kirsten Kieninger, Joachim Kurz, Harald Mühlbeyer, Wilhelm Skrjabin, Hans Stempel, Florian Vollmers, Rochus Wolff, Clara Wellner Bou, Erik Lemke, José Garcia, Stefanie Drechsel, Huan Vu, Sebastian Selig, Daniel Kothenschulte, Carsten Spicher, Andreas Heidenreich, Karola Gramann, Hannes Brühwiler, Heide Schlüpmann, Christoph Wirsching, Elisabeth Maurer, Wilhelm Hein, Paul Poet, Rüdiger Suchsland, Michael Cholewa, Jörg van Bebber, Peter Clasen, Rudi Gaul, Markus Brandstätter, Gregor Torinus, Marcus Stiglegger, Anette Frick, Sano Cestnik, Jörg Buttgereit, Jens Dehn, Jan Soldat, Jochen Werner, Dana Linssen, Jean Roy, Pablo Utin, Joyce Roodnat, Johann Jakob Häußermann, Alexandra Zawia, Ulrich Kriest, Stephan Langer, Thorsten Krüger, Tara Karajica, Thomas Moritz Müller, Pamela Pianezza, Yoana Pavlova, Patrick Holzapfel, Adrian Martin, Louise Burkart, Roger Koza, Thomas Groh, Pamela Biénzobas, Diego Brodersen, Andrey Arnold, Toshi Fujiwara, Jakob Gross, Ann-Christin Eikenbusch, Greg de Cuir, Jr, Luca Fuchs, Oliver Nöding, Bernd Kiefer, Paolo Bertolin, Edmund Yeo, Alex Oost, Michael Schleeh, Dominik Kamalzadeh, Julian Ross, Mark Schilling, Giovanni Vimercati, Kirsten Liese, Cosima Lutz

Se reciben firmas a web@vdfk.de

Original en alemán e inglés aquí

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